“Los ricos no van a regalar su dinero, tenemos que quitárselo”. VIII Encuentro In­ternacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación

Foto: Juvenal Balán

¿Es la tecnología por sí misma una herramienta de liberación del hombre? ¿El futuro hiperconectado al que nos dirigimos llega a todos por igual? ¿Cuánto poder tienen las empresas de comunicación sobre nuestras vidas? ¿Es sostenible un mundo digital con las desigualdades crecientes en las sociedades capitalistas? Estas son solo algunas de las preguntas que mueven el pensamiento del doctor e investigador británico Graham Murdock.

Este profesor de la Universidad de Loughbo­rough, Reino Unido, fue uno de los impulsores de la llamada “corriente crítica” en la investigación en comunicación anglo-estadounidense en los años sesenta, y uno de los fundadores del Centro para la Investigación de Medios de Comunicación, en 1968.

Invitado a impartir la conferencia magistral Maquinarias de crisis y renovación: comunicación, economía y ecología, en el VIII Encuentro In­ternacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación, Murdock puso sobre el tapete el impacto de las tecnologías en las crisis ecológicas y el control social, y la necesidad de propiciar espacios que defiendan la comunicación y la cultura.  Minutos después de concluir su conferencia, dialogó con Granma sobre la misión del periodismo y la mercantilización del conocimiento, entre otros temas.

—¿Qué desafíos enfrenta hoy el periodismo ante los cambios radicales provocados por la tecnología?

—Antes estaban todas las instituciones culturales públicas

—los periodistas profesionales, los curadores profesionales de museos, bibliotecarios profesionales— y su trabajo consistía en proporcionar información y recursos culturales al pueblo.

“Pero ahora creo que tenemos una nueva situación, porque los medios de comunicación digital permiten a muchas más personas participar. Así que creo que para un periodista, por ejemplo, la gran pregunta es  ¿cuál es el papel del periodista en relación con el pueblo?

“Si tomamos un ejemplo: en Londres, hace diez años, tuvimos un incidente terrorista terrible en el metro. Todas las fotografías que hay de los túneles (del metro), se tomaron con los teléfonos celulares de las personas adentro, por lo que son el único registro histórico que tenemos.

“La información mediática, las imágenes inmediatas, no están llegando de periodistas profesionales, sino de la gente común. Hay un nuevo tipo de colaboración, pienso yo, y esto cambia lo que hacen los periodistas. Mi propia opinión es que para los periodistas ahora, lo más importante es la interpretación.

“En la tradición occidental, la idea de un periodista fue que era un testigo de la historia, por lo que trataba de grabar lo que viera con la mayor precisión posible, y eso es importante; pero ahora tenemos muchos testigos, por lo que los periodistas creo que tienen que decidir cuál de los testigos es el más creíble, ya que no todos son fiables —si se toma la Primavera Árabe como ejemplo, tuvimos cientos y cientos de reportes diferentes sobre la misma cosa”, e interpretar esa realidad para sus públicos.

“Los periodistas tienen que estar moviéndose más hacia el análisis y la interpretación, y esta nueva relación con la gente común es un hecho en otras áreas. Por ejemplo, la BBC en Gran Bretaña en este momento cuenta con una colaboración muy interesante con la Biblioteca Británica. La Biblioteca Británica tiene un archivo de voces, que tradicionalmente eran políticos, poetas, gente famosa. Pero ahora hay un proyecto que se llama ‘the listening project’ (el proyecto de escuchar) en el cual se le pide a la gente que graben una conversación durante diez minutos sobre algo que les resulta importante en su vida cotidiana. Estas conversaciones también van al archivo nacional, por lo que el archivo histórico ya no cuenta solo con las voces de los poderosos, sino también los recuentos de la gente común. Y la tecnología digital lo permite, permite la interacción y permite a la gente encontrar muchos recursos diferentes sobre el mismo tema”.

—Existen algunas teorías que sustentan el fin del periodismo, que en un futuro no habrá más profesionales en este campo y las máquinas se harán cargo de la información. ¿Cree usted que los periodistas tienen los días contados?

—No, eso no va a pasar. El periodismo es más importante ahora, ya que se debe hacer una distinción entre la información y el conocimiento. La información es un término que viene de la ingeniería, como pequeños paquetes de datos. Así que si usted ve el boletín de noticias, averigua muchas cosas —la princesa tiene un nuevo bebé, hay guerra en Siria, hay una inundación en algún lugar— y puede que piense, ‘ah, conozco un montón de cosas’, pero si te preguntas cuál es el significado de estos eventos, resulta que no se sabe nada en absoluto.

“El conocimiento trata de hacer conexiones, poner las cosas en contexto, explicar los orígenes históricos de las cosas, para que la gente entienda por qué algo está sucediendo. Si no entiendes por qué sucede algo, no puedes cambiarlo.

“Así que creo que ahora los periodistas son más importantes porque tenemos un exceso de información, pero en realidad el conocimiento es muy escaso. Los periodistas tienen la responsabilidad de explicar e interpretar la realidad y creo que este es su papel crucial en estos momentos, ya que son las únicas personas que lo hacen a diario; y es más importante ahora porque el mundo es más complicado, y la gente necesita un poco de ayuda para entender por qué las cosas suceden en tal manera”.

—La diferencia entre ricos y pobres es una gran realidad de estos momentos. Re­cien­temente, el científico británico Ste­phen Hawking habló sobre una nueva era donde los robot serían la principal fuerza de trabajo, desplazando a los obreros. En ese escenario,  los ricos —dueños de la maquinaria— no tendrían la voluntad de compartir la inmensa riqueza generada con el resto de la población mundial. ¿Cree usted que ese futuro es inevitable?

—Bueno, suceden dos cosas. Sí, los ricos son muy resistentes al sistema tributario, tratan de esconder su dinero en las Islas Caimán u otro lugar, no quieren que el gobierno obtenga su dinero. Los impuestos son una cosa positiva, es una manera de recaudar dinero para tomar una decisión democrática sobre cómo gastarlo.

“Mark Zuckerberg, el líder de Facebook, acaba de decir que va a regalar el 99 % de sus acciones con el tiempo, está creando una gran fundación filantrópica. Puede que uno diga, ‘ah, eso es genial’, pero es él quien va a decidir en qué gastar ese dinero, y serán sus propias prioridades. Al igual que Bill Gates ha regalado un montón de dinero. No es que yo creo que sea malo que hagan esto, pero prefiero tener un debate democrático sobre cuáles son las prioridades.

“Es por eso que tenemos que contar con leyes fiscales muchísimo más estrictas en cuanto a los ricos, porque tenemos que decidir colectivamente cuáles son los problemas más urgentes que precisan del gasto de dinero, y es por eso que tenemos los gobiernos.

“Los gobiernos están diseñados para tomar estas decisiones y la generosidad personal no es un sustituto. Yo hubiera preferido que Zuckerberg pagara todos sus impuestos —que no lo hace— en vez de regalar su dinero. Tenemos que hacerlo incluso obligado. Van a resentirse, pero es para esto que sirven los gobiernos. Ahora tenemos una gran campaña en Europa para cerrar algunos de los paraísos fiscales, para que no puedan usarlos para ocultar su dinero.

“Es una batalla, es una batalla política. ¿Por qué regalarían su dinero? No, nosotros tenemos que quitárselo”.

—¿Que el 99 % se lo quite al 1%?

—Sí, el 99 %. Hay un poeta revolucionario inglés muy famoso, de principios del siglo XIX, Percy Shelly, que al terminar uno de sus poemas, dice: “Ellos son pocos, pero nosotros somos muchos”. Y todavía eso es verdad. Y han diseñado un sistema, como se dice en inglés, para llenar sus propios bolsillos. Todo el dinero va por aquí (señalando a uno de los bolsillos de su saco). Bueno, tenemos que decir que no, que no se puede hacer eso.

—¿Ve alguna posibilidad de revolución en esta nueva sociedad, tal vez relacionada con lo que hoy llamamos ‘hackers’?

—Creo que el concepto de revolución es problemático. Te­nemos la historia de algún gran acontecimiento que transforma todo, pero no creo que las revoluciones del futuro serán así. Yo no creo que vaya a ocurrir así de un golpe en un solo instante. Creo que ya se ve la ‘subversión’, lo que supongo sería un mejor término. Se ve una gran cantidad de piratería (hacking) hecha socialmente. Se dispersa, está en muchos lugares.

—¿Anonymous, por ejemplo?

—Sí, y están haciendo intervenciones políticas, pero en un mundo conectado en red, ¿cuál es el objetivo de la revolución? En los viejos tiempos, se apoderaría de la estación de radio, o los canales de televisión, para poder transmitir a todo el mundo. Ahora, es un nuevo objetivo, por ende creo que las técnicas están evolucionando, la gente está experimentando con formas de utilizar estas tecnologías para presionar de una manera diferente.

“Previamente se hacía una manifestación en la calle y algunas personas lo veían y tal vez fue reportado, pero ahora lo puedes tener en el Internet y va por todas partes, y esta es una nueva arma, una nueva arma política. Por eso creo que hay muchos experimentos, estamos tratando de utilizar las tecnologías como un instrumento no solo de protestar, pero también de la subversión, de cambio. Y yo creo que es un momento muy interesante. Así que la vieja idea, como lo de la Revolución Cubana, que se desembarcó, no creo que esto vaya a suceder de nuevo…”.

—¿Tal vez en un barco digital?

—Tal vez un barco digital, ¡exactamente! Pero entonces tenemos que pensar bien cómo sería eso.

—El conocimiento es diferente de la mercancía. Es mejor cuando todo el mundo accede a él y puede utilizarlo, en lugar de una sola empresa decidiendo. ¿Cree que la sociedad del conocimiento y el capitalismo pueden coexistir o necesitamos un sistema diferente?

—Creo que es un sistema complicado. Los mercados son muy buenos para ciertas cosas, para la asignación de ciertas cosas. No tiene sentido que exista una producción estatal de zapatos de moda, por ejemplo. De lo que se trata es de la relación entre el mercado y los estados, y otras formas de organizar las cosas. Así que es una cuestión de equilibrio, de qué corresponde a cada lugar.

“Ahora el conocimiento es una pregunta en particular, porque el conocimiento le permite generar nuevos productos y nuevas fuentes de ingresos. Y creo que ahora una de las mayores luchas es sobre la propiedad intelectual. Lo que está ocurriendo es que la nueva propiedad es la de ideas, y por ende hay una presión muy fuerte, sobre todo por parte de los Estados Unidos, para tratar de extender el plazo de duración de los derechos de propiedad intelectual, para que no se pueda utilizar en el dominio público por muchos años más.

“Usted sabe, la ‘Mickey Mouse Protection Act’ (Ley de Protección de Mickey Mouse), todas estas cosas. Así que tenemos que tener un debate sobre esto porque la primera ley de propiedad intelectual se elaboró en Inglaterra en 1702, se llama el Estatuto de Ana (Statute of Anne) y era para proteger a los autores. Pero en ese entonces se les permitió a los autores tener el derecho exclusivo de imprimir su libro durante siete años, y luego se terminó. Ahora es más de cien años. De modo que es ridículo. Tenemos que ir hacia atrás y decir, bien, si usted es un escritor, por ejemplo, tiene una demanda razonable de decir, ‘mira pasé un montón de tiempo escribiendo este libro, me gustaría recibir algo de dinero, este es mi trabajo’, pero no para siempre. Tenemos que volver atrás y mirar estas cosas.

“Y luego hay alternativas como la idea de Lawrence Lessig de los bienes comunes creativos, donde él dice que si publica algo y uno lo quiere usar para su educación personal o para un proyecto social, no quiere que se lo pague. Pero si uno quiere usarlo para otro producto comercial, entonces sí se le puede pagar. Así que, de nuevo, es uno de estos debates que estamos explorando. Nuevas formas de pensar sobre esto. Pero las empresas quieren controlar todas las tecnologías claves, para evitar que las personas las utilicen de una manera nueva. Y eso es muy negativo, es muy negativo porque inmoviliza potencial muy importante e impide que se utilice públicamente”.

—En resumen, el conocimiento no es una cosa de mercado.

—No debería ser, pero lo es. En este momento sí lo es.

Publicado en: Actual, Cuba, Cultura

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