La Vindicación de Cuba ante el imperio yanqui
Por Julio César Sánchez Guerra*
El año 1889 fue muy peligroso para la independencia de Cuba, pues en esa fecha Estados Unidos reanimó los esfuerzos por anexar, a lo que consideraba ya, una fruta en estado de maduración. El debate sobre la conveniencia de apoderarse de Cuba alcanzó resonancias públicas.
El 16 de marzo del propio año salió publicado en el periódico de perfil republicano, The Manufacturer of Filadelfia, un artículo con el siguiente título: ¿Queremos a Cuba? Cinco días después, The Evening Post of New York, que representaba los intereses del partido Demócrata, repetía con énfasis lo publicado en Filadelfia.
El artículo en cuestión no negaba el valor de apoderarse de Cuba pero señalaba los inconvenientes que traerían tal paso para la raza sajona, pues consideraba que los cubanos eran un pueblo de holgazanes, afeminados, incapaces de liberarse de España.
Llegando a señalar de manera ultrajante, que un negro degradado de Georgia estaba mejor preparado para la presidencia de los Estados Unidos que un negro común cubano para ser ciudadano americano.
Ante tal carácter de pueblo, era necesario para anexar a Cuba, norte americanizarla, eliminar a los negros y mestizos, llenar el país de sajones para lavar la sangre impura, y aún así, comentaría el articulista, estaría por ver si el sol del trópico, no terminaba cambiando el carácter de los norteamericanos que se adueñaran de la apetecida fruta.
Lo que no pudo sospechar el autor del humillante artículo, es que por esos días vivía en Nueva York, un cubano, patriota y poeta de treinta y seis años, que responde al nombre de José Martí, y quien devolvió la bofetada en una carta publicada en el propio The Evening Post, bajo el título de Vindicación de Cuba.
En la carta, de una manera enérgica, Martí le dice al pueblo norteamericano quiénes somos los cubanos, resume las hazañas de la guerra y los actos de creación nacidos del trabajo y la inteligencia: No somos un pueblo de pigmeos inmorales, escribe Martí, para recordar que Cuba peleó contra España durante diez años, sin recibir paga y alimentándose de raíces, que un pueblo con esa historia merece el respeto.
De manera radical y armoniosa lanza una sentencia para la posteridad: Amamos la patria de Lincoln tanto como tememos a la de Cutting. Lincoln representa ante los ojos de Martí, lo mejor del pueblo norteamericano, y recuerda que cuado era niño, llevó luto siete días por la muerte del presidente norteamericano.
Cutting, en cambio, fue un aventurero que estuvo a punto de provocar una guerra entre México y Los Estados Unidos de Norteamérica, él representa la ambición de los imperios que destruyen a los pueblos en nombre de la libertad.
Puede entenderse mejor por qué Martí escribe a Mercado: Viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi honda es la de David. En esa honda de David está la fibra ética de la vindicación de Cuba que ha tenido que esgrimir un pueblo para salvar el honor y la independencia ante las ofensas y las agresiones.
Observe usted solo algunos botones de muestra: El 12 de marzo de 1899, se retira sin mayores anuncios, la estatua de Isabel II que había presidido la entrada del Paseo del Prado; se somete a votación popular sobre a quién erigir una estatua en ese lugar.
El concurso fue ganado por nuestro héroe José Martí, le siguió, y solo por cuatro votos de diferencia, la estatua de la libertad. No apareció el dinero para la estatua y ante el nacimiento de la República burguesa el 20 de mayo de 1902, fue comprada una réplica de la estatua de la libertad, hecha de calamina y con un precio de 2000 dólares, y situada en el lugar dónde iba la de Martí.
El 10 de octubre de 1903, un huracán “patriota” azotó a La habana y echó abajo a la estatua que no era nuestra, eso permitió que el 24 de febrero de 1905, se levantara allí, ante la palabra de Máximo Gómez, la estatua de Martí, Cuba vindicaba su historia.
Pero el 11 de marzo de 1949, tres marines yanquis en estado de embriagues se encaraman orinan sobre la estatua de Martí; al día siguiente el pueblo protesta enérgicamente, entre la multitud de manifestante sobresale un joven estudiante que responde al nombre de Fidel Castro: Otra vez, vindicación de Cuba.
El 4 de marzo de 1960, los mismos que nos habían vendido la estatua de la libertad, nos traen bombas en el vapor La Coubre que estalla matando a más de cien personas. Al día siguiente nace la respuesta de una frase enérgica: ¡Patria o Muerte!
No hemos quedado atrapado en el pasado, es que no podemos olvidar la historia de ataques y digna resistencia: El cubano es altivo como las palmas, orgulloso como el tocororo que no puede vivir en cautiverio, y si alguien nos despedaza la bandera, vuelven a ser realidad los versos de Bonifacio Byrne: Nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía…
*Funcionario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Isla de la Juventud |